(Revisaste la primera parte de esta nota?)
Celebrar un día fomentado por la Segunda Internacional socialista debería, al menos, invitarnos a la reflexión.
El 1ro de mayo no se celebra al trabajo, se celebra a la huelga, por antonomasia. Podríamos decir que toda relación laboral lleva implícitas dos pulsiones contradictorias, una de cooperación y una de competencia. Cooperación por el objetivo común, macro, de supervivencia y fortalecimiento del grupo; y otra pulsión de competencia interna, que redunda en la forma en que habrán de asignarse internamente los recursos y ver que peso se le da a cada factor en términos valorativos.
El trabajo representa a la primera pulsión, la huelga a la segunda. La lógica huelga-revolución/trabajo-orden responde a un paradigma francamente viejo, vetusto, con olor a naftalina, de pensar a la sociedad. Es como esos viejos que te dice que el problema de la juventud es que no hay servicio militar obligatorio. El trabajo como ordenador social, como herramienta de control, por suerte, va siendo superado y hace unos 30 años el capitalismo viene experimentando un proceso de “humanización” o de debilitamiento de estas instancias tan rígidas.
La tendencia horizontalista que viene teniendo el mercado hace repensar si tienen sentido estas reivindicaciones (oportunas en su momento) clasistas y nos lleva a pensar si quizás no conviene acelerar los procesos de flexibilización, participación en las ganancias, teletrabajo, informalismo, etc. Y esto no tiene nada que ver con una reforma de la constitucion nacional argentina, ni una ley, ni nada.
La ley roba a las empresas de su factor más rico, su creatividad en su diseño. Que alguien venga a imponerte un modelo o esquema de organización hace que pierdas la posibilidad de combinar de una forma única factores que tenés a mano y lograr un resultado sui generis y generar riqueza. Argentina está lamentablemente tan descapitalizada y enferma que piensa que robándole al de al lado va a aumentar la riqueza. Nos hemos vuelto oportunistas y ventajeros como país. Y eso se paga caro (miremos las tasas de interés reales y el crédito internacional).
El primero de mayo es símbolo de una batalla absurda entre capital y trabajo que existe en la mente de los troskos y en el corazón de los envidiosos. La verdadera batalla es personas/individuos contra estados/colectivos. Quién planifica para quién, quién decide por quién? That is the question. Gente, a laburar!
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